Your are here: Home // Zoofilia // Iniciandome en la zoofilia

Iniciandome en la zoofilia

Siempre fui una joven normal, bien parecida y un poco loca, producto de las películas pornos que vi a hurtadillas de mi padres. Relatos y fotos que vi en el Internet aumentaron mi interés por un tema que, aunque sentía asqueroso, no dejaba de atraerme, impresionarme y, sobre todo, excitarme.

Cuando liberada pude escapar de casa de mis padres, no dudé nunca en llevar a cabo todas mis fantasías soñadas, entre ellas, la zoofilia con perros.

Mi primer paso fue comprarme un lindo cachorro de Golden Retriever, una raza noble, cuya anatomía y, sobre todo, su pene crece enormemente. A mi hermoso cachorro nuevo le llamé Toby y lo amé desde el principio.

Cuando lo llevé a mi apartamento ya le había asignado todo tipo de comodidades y empecé a enseñarle el gusto por lo dulce, con la intención de facilitarme enseñarle los trucos que deseaba.

El entrenamiento de mi cachorro lo empecé pronto, a las 3 semanas me untaba mis enormes pechos de miel y dejaba que lamiera de ellos, recompensándolo luego con una galleta de sus favoritas. A las pocas semanas logré que lamiera con destreza mi cueva. Mi dedicación era tal que, Toby a los 5 meses ya me saludaba al llegar del trabajo con un lenguetao entre mis piernas, yo agradecida le premiaba con una suculenta cena.

Con el tiempo Toby creció y desarrolló una hermosa verga de color rosado y venitas azules que me hacía agua la boca, con dedicación empecé a manipularla con mis manos, hasta lograr que a un solo contacto con mis dedos estuviera a tono para mí. En ese entonces comprendí que Toby y yo estabamos listos para la acción.

El Gran Día
===========
Había esperado tanto por ello que ese día estaban mis pezones erectos desde levantarme. Me duché como de costumbre, pero con agua fría para calmar mi fuego. Salí del baño desnuda y me dirigí hasta donde dormía el perro, nunca lo había dejado dormir conmigo para que no interferir en su entrenamiento.

Llevé el perro hacia mi cuarto y cuando solté su correa, el empezó a lenguetearme mi concha como le había enseñado, con su lengua rugosa me recorría entera entre mis piernas, y yo me ponía loca de gusto. Para facilitarle la tarea me subí a la cama y me abrí de piernas. Toby no dudó ni un instante en seguir su lengueteo entre mis piernas, mordisqueando con suavidad mi clítorix.

Yo, mientras, no dejaba de acariciar mis tetas y retorcerme, experimentando uno de los tantos orgasmos proporcionados por Toby en su aprendizaje.

Pero, esa vez no me iba a contener sólo con su lengua. Yo quería más, lo que veía en las películas pornos: mujeres retorcidas del gusto y la verguenza. Por eso no dudé en arrodillarme y buscar el pene del Toby, que descansaba flácido, pero que a medida que mi mano lo apretaba y flojaba se iba llenando con venitas azules, las que me volvían loca. Decidí probarlo, entré toda su verga en mi boca y comencé a chupar y a tragar con toda mi alma. Se la chupaba con gusto y su tranca a cada minuto se ponía hinchada y gruesa en mi boca. Toby empezó a ladrar lastimero, tanta práctica lo había dejado hambriento. Sentí culpa y solté su pene, puse mi culo más cerca de él para que oliera mi deseo, intentaba que sus instintos descubrieran cuán dispuesta estaba yo para ser penetrada.

Luego de oler mi culo y darle varias lengueteadas a el río de flujos que botaba mi hoyo. Toby empezó a culearme. Su inexperiencia provocó que sus intentos fallidos rozaran mi concha que a todo minuto estaba más caliente. Me moví con destreza buscando su verga, hasta que con agilidad, en una fuerte embestida, 10 centímetros de su verga palpitaban en mi interior arañando mis entrañas.

Volví mi cara buscando el espectáculo que había preparado, mi perro Toby culeándome, entrando rápidamente y sacando su gruesa vara de mi culo. En un momento sentí una descomunal fuerza abriendo mis entrañas, comprendí que Toby me había empezado a entrar su bola. Luego de pasado el susto inicial, apreté mi concha con todas mis fuerzas, empujando mi culo hacia atrás aún más, buscando una penetración más profunda. Era tal mi excitación, que nada me importaba, me halaba y me pellizcaba mis pezones, mordía mis labios y me movía al compás de los embates del perro.

En esa posición sentí los orgasmos más fuertes de mi vida, sentía que todo mi cuerpo se estremecía sin control y mi culo palpitaba alrededor de su vara, apreté sin piedad su verga, provocando que un caño de esperma inundara mi vagina y fluyera por mis piernas.

Satisfecha como estaba, me preocupé al sentir que la bola que me afané por entrar, no salía. Toby se dió la vuelta para liberarse, pero estaba completamente hundido en mí y no salía. Toque mi culo y sentía esa bola en mis entrañas atrapada, y esa dia y el estado en que estaba, sin explicación, me excitó de nuevo.

Comencé a moverme hacia atrás y hacia adelante, apretando sin piedad mi culo, sentía com Toby, prisionero de mi vagina, engrosaba su vara dentro de mí, mientras yo enfrebecía. Comencé a moverme y acariciarme mis clitorix y mi culo. Me movía como drogada y con rapidez manoseaba mi culo, sentí como mis gemidos y sus ladridos se confundía, hasta venirme como una perra y saciar mi arrecho culo, por el momento. Mientras, por segunda vez, Toby se vertía dentro de mí. Me dejé caer en la cama, aunque continué con mi culo al aire, puesto que seguía abotonada con el perro.

Cuando su bola, cinco minutos después, decreció; Toby se fue a mi lado, buscando una amorosa mamada. Me dormí chupando su hermosa, enorme, rosada, y ahora flácida verga, para despertarme dos horas después sintiendo la rugosa lengua de Toby entre mis piernas, devolviéndome el favor. Pero, ya esa es otra historia.

filed under: Zoofilia Tagged with: , ,

Leave a reply

Copyright © 2009 Relatando.com – Relatos eroticos . All rights reserved.
Designed by Theme Junkie . Powered by WordPress.